VI Domingo Ordinario - Kardiognosis

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VI Domingo Ordinario

Liturgia Dominical
VI Domingo del tiempo Ordinario – Ciclo C
Sinopsis de lecturas
Las bienaventuranzas no deberían reducirse a un ámbito moral o a una especie de clasismo social; más bien, son una constitución discipular que orienta la existencia personal a un seguimiento radical, lo que conlleva a una solidaridad humana con quien sufre, llora, tiene hambre o es perseguido. Seguir a Cristo no es desencarnarse de la realidad, sino todo lo contrario, asumir nuestra humanidad y saber asistirla en el hermano.

Primera Lectura
Maldito el hombre que confía en el hombre. Bendito el que confía en el Señor
Lectura del profeta Jeremías (17,5-8).
Esto dice el Señor: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su fuerza y aparta del Señor su corazón. Será como un cardo en la estepa, que no disfruta del agua cuando llueve; vivirá en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhabitable.
Bendito el hombre que confía en el Señor y en él pone su esperanza. Será como un árbol plantado junto al agua, que hunde en la corriente sus raíces; cuando llegue el calor, no lo sentirá y sus hojas se conservarán siempre verdes; en año de sequía no se marchitará ni dejará de dar frutos.

Salmo responsorial (cf. Sal 1).
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Dichoso el hombre que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos. R.
Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito. R.
En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo. R.

Segunda Lectura
Si Cristo no resucitó, es vana la fe de ustedes
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (15,12.16-20)
Hermanos: Si hemos predicado que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que algunos de ustedes andan diciendo que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, es vana la fe de ustedes; y por tanto, aún viven ustedes en pecado, y los que murieron en Cristo, perecieron. Si nuestra esperanza en Cristo se redujera tan sólo a las cosas de esta vida, seríamos los más infelices de todos los hombres. Pero no es así, porque Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos.

Aclamación antes del Evangelio
Aleluya. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo, dice el Señor.

Evangelio
Dichosos los pobres – ¡Ay de ustedes los ricos!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6,17.20-26
En aquel tiempo, Jesús descendió del monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y de Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón.
Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: «Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!».



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