Salmo 46 - Kardiognosis

Cristo: rostro humano de Dios; rostro divino del hombre
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R. Asciende el Señor entre cantos
Aplaudan pueblos todos;
aclamen al Señor, de gozo llenos;
que el Señor, el Altísimo es terrible,
y de toda la tierra, rey supremo. R.
Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todos. R.
Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo. R.

Comprensión del Salmo
Por la terminología usada en este salmo, permite suponer que, quizás era cantado en la procesión del Arca de la Alianza e introducida en el Santuario; gesto que aludiría a la entronización de Yahvé, el Gran Rey de la Tierra.
En una relectura post exílica, el salmo vislumbra la cercanía entre el pueblo desterrado y el trono de Dios, que congrega y reúne no sólo a Israel, sino a todos los representantes de las naciones. Esta comprensión de totalidad (todos los pueblos) está íntimamente relacionada con Isaías (2,2-5): la peregrinación de todas las gentes a Sión, expresión de paz para todos los pueblos.
Esta esperanza que convoca a Israel y a todas las naciones permite comprender aquello que se conoce como el “perfecto profético” que, consiste en la profesión de que Dios reina sobre todas las naciones, sentándose en su trono santo. Es posible percibir con ello, un evidente fondo político, en cuanto que, se proclama la soberanía y providencia de Dios cuyos beneficiarios son todos los pueblos.
Es necesario acotar que, la expresión «el Altísimo es terrible» hace referencia a la trascendencia de Dios, sin que esta excluya su amor misericordioso por el género humano. Cabe destacar que, este salmo se proclama 7 veces antes de inaugurar el año nuevo del pueblo judío (Ros-ha-sanah).
San Agustín al comentar este salmo expresó que: «No se contenten de vanas aclamaciones, dejando ociosas sus manos […] si quieren no ofrezcan mas que la voz, esto no basta, porque sus manos permanecen inactivas; si quieren no ofrezcan mas que las obras de sus manos, esto no basta porque su lengua permanece muda. Al contrario, manos y lengua se unan, las primeras a las buenas obras y la otra para la alabanza».
Con este salmo, pidámosle a Dios que nuestra boca no permanezca muda para confesar su soberanía; pues mientras el hombre busca por sus propios medios someter, oprimir y reprimir, Dios en su misericordia, desea que sus hijos vivan en la paz de su presencia; mas esta profesión en el Dios de la vida, nos motive a que nuestras manos lo alaben por medio de las obras que promuevan la dignidad de todo hermano nuestro.

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