Salmo 39 - Kardiognosis

Cristo: rostro humano de Dios; rostro divino del hombre
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SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 39, 2. 4ab.7-8a. 8b-9. 10

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza,
Él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
Él me puso en la boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios. R.
Sacrificios y ofrendas no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: “Aquí estoy”. R.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón. R.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios,
tú lo sabes, Señor. R.

Comprendiendo el Salmo:
Las primeras estrofas de este Salmo son un perfecto himno a la esperanza fundada en la misericordia de Dios, quien se inclina hacia quien en su pobreza interpela a su providencia divina. El texto expone que, Dios no sólo es quien escucha y se hace compañero, sino aquel que realizará una obra nueva: pone en los labios del orante un canto nuevo, un himno de agradecimiento.
La segunda estrofa presenta los contenidos del verdadero culto a Dios: oídos abiertos y atentos a la escucha de la voz del Señor. Todo esto, aparece como una introducción a la verdadera oración situada en los versículos 13-18 que indicarían la fuerza de la fe; más este agradecimiento no consiste en procurar un conjunto de ritos y promesas (votos), sino que, el Señor espera una conversión del corazón. De este modo, es propuesto al lector el profundo ligamen que subsiste entre oración y vida, culto y existencia.
Esta unión profunda es fecunda en la vida del creyente y se convierte en el fundamento de su misma existencia. Por este motivo, el hombre puede ser anunciador y testigo eficaz de la justicia divina y de su misericordia.
La Carta a los Hebreos ha utilizado este texto en prospectiva cristológica con algunas variantes que, no eluden la evidente intención de comprender en las palabras del Salmo, la oración a través de la cual, Cristo hace suya la voluntad del Padre en el hacerse Siervo para la redención del mundo.



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