Salmo 23 - Kardiognosis

Cristo: rostro humano de Dios; rostro divino del hombre
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Salmo 23: El Señor es mi pastor
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así aunque camine por cañadas oscuras nada temo,
porque tú estás conmigo, tu vara
y tu cayado me dan seguridad.
Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañarán todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.

Comprensión del Salmo:
La estructura está formada por dos cantos: el canto del pastor (vv. 1-4) y el canto del huésped (vv. 5-6). Al centro de esta estructura se encuentra el versículo 4b que expone: «tú estás conmigo».
El versículo inicial tiene el significado de una confesión de fe: Yahvé y no otros es el Pastor. El contexto al que recurren las imágenes pastorales referidas a Yahvé corresponde al éxodo (la salida de Egipto), y aquel del regreso del exilio de Babilonia: dos eventos leídos teológicamente, en el que Dios se compromete en y con la historia de su pueblo.
En el versículo 5 se da una transición: ahora el pastor es aquel que prepara la mesa. ¿Qué unifica la imagen del pastor con la hospitalidad? Justamente, la clave unitaria se encuentra en la misma experiencia que vivió el pueblo de Israel en el éxodo: a la salida de Egipto, Yahvé guió a su pueblo en el desierto, ofreciéndole agua, alimento y reposo. Cuando los hijos de Israel llegaron a la tierra prometida, Yahvé los acogió como a un huésped, dándoles los frutos de la tierra.
El Nuevo Testamento muestra que, Jesús mismo se ha hecho pastor, conmoviéndose profundamente de quienes «andaban como ovejas sin pastor» (Mc 6,34). Justamente, ese pasaje revela estas dos acciones vividas en Jesús, Buen Pastor: Él se conmueve por todas las personas que lo van a buscar, las guía y cura de sus males, y después, no queriendo despedirlas sin haberse alimentado, realizará la multiplicación de los panes.
Los evangelios sinópticos también muestran la figura del Buen Pastor, sobre todo, en la cercanía de Jesús hacia quien sufre y necesita ser reconciliada.

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