Mt 6,1-6.16-18 - Kardiognosis

Vaya al Contenido

Mt 6,1-6.16-18

Lectio Divina > Evangelio según san Mt
Lectio divina: «Y tu Padre que ve lo secreto, te recompensará»
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres

1. Texto:
Del santo Evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18.
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen lo hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna que en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que lo vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan la cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará».

2. Lectio: ¿Qué dice el texto?
La tradición judía coloca tres aspectos esenciales de la vida religiosa, a saber, la oración, la limosna y el ayuno. La primera expresa la relación con Dios; la segunda, con el prójimo y, la tercera consigo mismo. Justamente, estos serán los enunciados que ofrecerá el evangelista en este pasaje: la limosna (vv. 2-4), la oración (vv. 5-6) y el ayuno (vv. 16-18). Comencemos a comprender el texto desde su trasfondo:
a) «Practicar la justicia». La traducción litúrgica, aquella que es leída para el Evangelio dominical, dice: «Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean». Una traducción más exacta del griego sería la siguiente: «Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos». Esta traducción es importante porque expresa aquello que califica la vida religiosa de un judío, esto es, «practicar su justicia». En efecto, aquello que «califica – cualifica» a un hombre religioso no es su profunda especulación, pensamiento o abstracción sino su «práctica», aquella actividad cotidiana en relación con los demás, cuyo objetivo es la realización de un «hombre justo». Por otra parte, la raíz hebrea de la palabra justicia está ligada con el concepto verdad.
De modo que, «practicar la justicia» es vivir la propia verdad, lo que se es. Por ejemplo, Dios ejerce su justicia perdonando al hombre pecador, porque su amor es su propia verdad, lo que Él es. En pocas palabras, «practicar la justicia» expresa la relación filial con Dios; vivir esta verdad es hacer triunfar la paternidad divina: quien es Dios y quien soy yo en relación con Él.
b) La limosna. con la expresión, «dar limosna», no se refiere simplemente a la acción de dar un poco de dinero, sino al hecho de «ser compasivo con el otro»; esto es, participar del sufrimiento del hermano, no para quedarse en esa situación sino para salir de ella con él. El ejemplo más palpable es la «parábola del Buen Samaritano», quien no “aventó algunas monedas” hacia quien estaba malherido, sino que «compadecido» se acercó, vendó sus heridas versando sobre ellas aceite y vino (Lc 10,29-37). La limosna quiere expresar un procurar al hermano, no solo con lo que se tiene sino con lo que se es. En efecto, es más grande el ser que el tener. Dar desde el tener, significa no asumir el sufrimiento del otro, y por ende, ayudar superficialmente, dando muchas veces lo “sobrante”; en cambio, dar desde el ser, significa asumir el dolor, la injusticia del hermano, «estar con él» para «promoverlo con él» a una vida digna.
c) La oración. Orar en el sentido bíblico, significa ponerse en la presencia de Dios para escuchar su voz. En un principio, la oración no surge desde un contexto ritual, sino desde la propia vida. Justamente, Jesús da las indicaciones para orar con autenticidad, y para ello, presentará el Padre nuestro, como la oración por excelencia que manifiesta la relación del Padre hacia su hijo y del hijo hacia su Padre.
d) El ayuno. El ayuno era una práctica común en los diversos grupos judaicos; por ejemplo, tenemos a los fariseos y a los discípulos de Juan el Bautista, que comúnmente ayunaban, aun cuando la Ley prescribía su obligatoriedad para el día de la expiación. Esta práctica, desde la Sagrada Escritura, tiene un sentido penitencial. Cuando la persona conoce el horror de su pecado, experimenta la necesidad de «abstenerse del alimento que lo sostiene» para invocar el alimento que lo purifica y lo reconduce al camino de la vida, a saber, el perdón divino; un ejemplo concreto, es David (2Sam 12,1-15). La misma Sagrada Escritura subraya que el ayuno refuerza la propia oración para vivir en la profundidad del arrepentimiento y del deseo de conversión.
Sin embargo, estas prácticas confluyen en un riesgo: ser hipócrita. Esta palabra griega está compuesta por dos términos: hypo (bajo) y kriptos (ocultar); de modo que, una persona hipócrita es aquella que se oculta algo. En nuestro texto, alude a aquella persona que oculta bajo una práctica religiosa una intención que no es acorde. Por ejemplo, la limosna puede ser un peligroso instrumento para lograr popularidad, o en otras palabras, hacerse publicidad instrumentalizando no solo el sufrimiento y el dolor, sino, peor aún, al hermano necesitado.
Respecto a la oración, parece bastante significativo que Jesús denuncie a aquellos que «les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que lo vea la gente». Esta expresión «orar de pie» también se encuentra en el Evangelio según san Lucas, en la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14). «Orar de pie» pareciera indicar la propia autosuficiencia, no tener la necesidad de perdón porque la persona está segura con sus “muchas obras”. En realidad, su oración no es invocar la misericordia divina, sino la exaltación de sus méritos que dan el motivo para convertirse en juez de Dios y de su hermano.
Y, por último, con el ayuno, Jesús pide no caer en la hipocresía de «desfigurar el rostro». El sentido penitencial de esta práctica, confluye, por su propia naturaleza, al recogimiento, a la interioridad. Por eso, Jesús pedirá ser discretos, no buscar el aplauso y la consideración de las personas, sino la «justicia – verdad» con Dios.
En este sentido, es bastante elocuente el texto: la relación con Dios, de un Padre a su hijo, no trae consigo, una vida de apariencia religiosa (hipocresía), sino la vivencia del don de ser hijos en el Hijo.

2. Meditatio: ¿Qué me dice el texto?
Escuchar esta página evangélica al inicio del tiempo de la Cuaresma, nos coloca en la autenticidad de un camino de conversión; y así, como en el tiempo del Adviento se habla de la importancia de estar «vigilantes» ante el Señor que viene, el tiempo de Cuaresma, también nos coloca en una «vigilancia» necesaria para una correcta interiorización del perdón divino.
En efecto, como se ha visto, Jesús corrige la forma como se realiza la limosna, la oración y el ayuno; pues éstas pueden realizarse sin una «recta intención» para “contentar el propio yo”, y peor aún, instrumentalizando a Dios y al hermano. Por eso, el Señor pide poner atención al propio corazón: «Cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos». Se puede apreciar con esta exhortación que, hay una «vigilancia discipular» para no convertir estas acciones religiosas en un espectáculo.
Por eso, al iniciar este tiempo de Cuaresma, somos invitados a vivir una espiritualidad más auténtica, aprovechando las prácticas de la limosna, la oración y el ayuno, desde una rectitud interior, que tiene como eje primordial, al hijo que se deja encontrar por su Padre.

3. Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?
Señor, tú nos llamas a ejercer la limosna mediante la compasión, porque sin ella, somos simples campanas que aturden, porque no comprendemos que quien sufre no es un desconocido, sino un hermano.
Señor, tú nos llamas a vivir una oración íntima, aquella que brota de un corazón arrepentido pero abierto a vivir día a día tu misericordia. Una oración que no se obstina en monólogo donde solo soy yo quien habla, sino que también guarda silencio para escucharte; pues sólo así, la oración íntima se hace fe vivida y no privada.
Señor, tú nos llamas al ayuno, no como un simple medio para probar el hambre, sino como una posibilidad de vivir nuestro arrepentimiento, asociándonos también, a tantos hombres, mujeres y niños que son privados del alimento cotidiano. Que el pan por el que hoy renuncio, lo comparta con quien no lo tiene. Amén.

Copyright 2013-2019
Kardiognosis
Regreso al contenido