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Mt 5,17-37

Lectio Divina > Evangelio según san Mt
«Han oído que se dijo a los antiguos, pero yo les digo»
Mt 5,17-37
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres
1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
Los biblistas han llamado a esta página del evangelio según san Mateo, como las “antítesis”, en las que Jesús enuncia un fragmento de la Ley, y seguido de ello, su correcta interpretación. El mismo texto, nos sugiere, que lejos de que sea llamada esta página como las “antítesis” debería de llamarse “plenitud” o “cumplimiento”: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud».
«si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los cielos». Como ya lo ha mencionado Jesús, él no ha venido a abolir la Tôrah, sino a darle la plenitud y renovarla a través de una categoría fundamental que la sintetiza e intensifica, a saber, el amor. Justamente, los fariseos y los escribas habían reducido la Ley a un mero formalismo exterior que no unía los actos con el corazón; Jesús, toma el contenido para explicitarlos y enriquecerlos, para que ésta no solo sea un don escrito sobre la piedra, sino que venga escrita en el corazón de cada hombre. En este sentido, el Señor muestra que la observancia de la Ley tiene su punto de partida en los elementos más pequeños y cotidianos; de lo contrario, la vida religiosa será un mero formalismo hipócrita.
Después de esta introducción, Jesús expone seis formas para dar cumplimiento a la Ley; en este domingo, escuchamos las primeras 4 y el próximo, serán las otras dos restantes. Éstas son expuestas mediante una frase en pasado: «Han escuchado que se dijo», y posteriormente, son interpretadas por Jesús con una expresión en el presente: «pero yo les digo». Es el paso de un cumplimiento formal de la Ley, a un cumplimiento extraordinario en el amor.

2. Meditatio: ¿Qué me dice el texto?
Las cuatro exposiciones que hace Jesús de la Ley, según nos presenta la página evangélica de este domingo son: el homicidio, el adulterio, el divorcio y el juramento; faltarían otras dos (la ley del talión y el amor al prójimo), que serán para el siguiente domingo. Sin embargo, todas ellas siguen teniendo el contexto de las bienaventuranzas como el código de vida, que traspasa una lectura literal y legalista de la Ley del Antiguo Testamento. Por ejemplo, si cada uno de nosotros, hiciera su examen de conciencia bajo la palabra: «No matarás», seguramente se pensaría que se ha vivido conforme a lo que Dios pide, porque no se ha matado a alguien, pero si se analiza lo más concreto, se podrá apreciar que, al hermano del trabajo, de la escuela, al vecino, etc., se les ha matado con las ofensas, el desprecio, la falta de perdón e indiferencia. Lo mismo sucederá con los otros enunciados. Jesús presenta, entonces, no la radicalidad de vivir la Ley, sino las Bienaventuranzas, traspasando lo ordinario y formal, a lo extraordinario de vivir la propia identidad en el amor de Dios.

3. Oración: ¿Qué me hace decir el texto?
Tú nos enseñas, Señor, que no es suficiente con cumplir los mandamientos; aquel que te quiere seguir con fidelidad, necesita ir al corazón mismo de la Cruz, donde se hace visible no el cumplimiento de la Ley, sino el Amor que cree, espera, redime, salva y eleva a todo ser humano a una dignidad única: ser hijos de un mismo Padre. Por eso, debemos estar atentos a los gestos más simples y cotidianos, pero lacerantes y temibles: al insulto que humilla y desprecia, al deseo malvado que atenta contra la dignidad del hermano, a la violencia que mata el amor al otro; al odio que nos esclaviza a la cárcel de nuestro egoísmo. Ayúdanos pues, Señor, a vivir tu gracia que nos coloca en la libertad de lo extraordinario del amor. Amén.
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