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Mt 17,1-9

Lectio Divina > Evangelio según san Mt
«Este es mi Hijo amado: Escúchenlo»
Mt 17,1-9
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres
 
1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
 
El segundo domingo del tiempo de Cuaresma, nos coloca delante de la Transfiguración. De este modo, la liturgia quiere preparar a la comunidad a afrontar la memoria de su pasión, sin que le falte la luz de la gloria de la resurrección. Sin embargo, hay una expresión–invitación discipular que coloca delante de nosotros el evangelista, veamos:
 
«los hizo subir a solas con él a un monte elevado». Una expresión bellísima y querida por el Antiguo Testamento para contextualizar el contacto particular con Dios. Justamente, la oración «es un subir», esto es, la oración implica la disposición y el esfuerzo para encontrarse en la intimidad de un encuentro, bajo la acción del Espíritu Santo, que nos permite clamar, Abbá (Padre).
 
«su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve». La transfiguración es descrita bajo dos imágenes: el sol, expresión clásica de la divinidad; y la luz, símbolo de aquello que permite, al hombre y a su ambiente, de vivir. Esta escena, además, presenta dos figuras que son síntesis de la historia de Israel: Moisés, que representa a la Ley; y Elías, quien es figura de los profetas.
 
Sin embargo, Pedro tiene una notable interpretación de aquello que está sucediendo. De modo muy discreto, Mateo pone en evidencia la prioridad de la voluntad del Señor: «si quieres», casi subrayando que el discípulo no debe perder, bajo ninguna circunstancia, su posición, esto es, la obediencia a la voluntad del Maestro. Por otra parte, la expresión «hagamos tres chozas o tiendas», evoca al mismo pueblo que caminaba en el desierto, y al establecerse en el camino para descansar, se colocaba una tienda en la que se introducía el arca. Recuérdese, además, que Dios acompañaba al pueblo no solo con el arca, sino también bajo una nube. Justamente, estas dos figuras están representadas en este texto; primero, en el decir de Pedro: «hagamos tres tiendas», que quisiera significar, custodiar este encuentro; y segundo, de la nube se oye una fuerte voz, que dice: «Este es mi Hijo amado, escúchenlo». Por tanto, la memoria del pasado glorioso que vivió el pueblo de Israel, se encuentra en plenitud, presente y operante, en la persona de Jesús.

 
2. Meditatio: ¿Qué me dice el texto?
 
Cuando Dios entrega el Decálogo a su pueblo, les dirige una recomendación vital: «Escucha, Israel». La oración es, ante todo, una «escucha», no es un monólogo de discursos ni de rezos, es hablar y guardar silencio para que el Señor hable. Por eso, la oración es un «subir», porque implica el esfuerzo del silencio interior. Blas Pascal decía que, cuando se está enamorado, es más precioso y significativo el silencio de las palabras: «dos enamorados saben, a través del silencio y de sus ojos, transmitir, miles y miles de sensaciones». Bajo este silencio que busca escuchar, la escena del evangelio nos presenta tres etapas: la contemplación, la revelación y la misión. Justamente, el Señor invitará a sus discípulos a continuar el camino: «levántense y no teman». En efecto, la verdadera oración no nos lleva a desencarnarnos de nuestra realidad, ni mucho menos es una invitación a ausentarnos de la vida eclesial. Al contrario, todo esto es un dinamismo que nos impulsa a encontrarnos con el Señor en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, así como a saber encontrarnos con nuestros hermanos, anunciando con nuestras obras, su amor misericordioso.

 
 
3. Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?
 
Jesús, aquel día sobre el monte hiciste resplandecer, delante de tus discípulos, la belleza de tu divinidad. Aquel día sobre el monte, ofreciste anticipadamente, la gloria de tu resurrección; pero, también de aquel monte descendiste junto con tus discípulos para retomar el camino que conduce a Jerusalén, hacia otro monte, que es el Calvario.
 
¡Qué bello es estar aquí! Es fácil decirlo cuando no se atraviesa por la pasión y la muerte; es fácil decirlo, cuando nos falta tocar las llagas de nuestros hermanos que sufren. Ayúdame, Señor, con tu gracia a llevar por obra la invitación del Padre: «Escúchenlo»; y bajar del monte de la oración, a la llanura, donde busque con mis actos una sociedad más solidaria y justa; una comunidad eclesial, más fraterna y servicial, y una familia que viva en tu paz y amor. Amén.
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