Mc 10,2-16 - Kardiognosis

Vaya al Contenido

Mc 10,2-16

Lectio Divina > Evangelio según san Mc
«Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre»
Mc 10,2-16
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres
1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
En el curso del viaje hacia Jerusalén, el evangelista narra dos episodios: el primero se refiere a la controversia de los fariseos sobre el divorcio y el adulterio (versículos 2-12); mientras que el segundo concierne al encuentro con algunas personas que quieren la bendición de sus hijos. Sin embargo, el acento del texto no está en la controversia ni en la bendición sino en la formación que Jesús desea procurar a los discípulos (versículos 13-16).
Enfocándonos en la controversia, los fariseos colocan a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba sobre la licitud del repudio de la mujer por parte del marido; la intencionalidad de los fariseos es provocar que Jesús contradiga la ley de Moisés. Su intento consiste en presentar la legislación de Dt 24,1-4, que permitía a un hombre repudiar a la propia mujer, en el caso de que se hubiese encontrado en ella «algo vergonzoso». Justamente, este «algo vergonzoso» era impreciso y motivo de discusión entre los propios rabinos. Por ejemplo, en el siglo primero d. C., habían dos interpretaciones fundamentales. Por una parte, estaba la escuela rigorista del rabino Shammai que entendía el «algo vergonzoso» en un sentido grave, como el pecado de la lujuria de la mujer. La otra interpretación proviene de la escuela más permisiva, del rabino Hillel, la cual postulaba que cualquier cosa que fuera desagradable para el marido –por ejemplo salir en público sin el velo, platicar con otros hombres, o hasta el quemar una sopa o no saber cocinar– era motivo de repudio. Sin embargo, el marido debía dar una cantidad de dinero a su mujer, misma que había sido establecida en el contrato matrimonial; de modo que, si no tenía dinero, le era consentido tener en su casa otra mujer, generando casos de poligamia.
Jesús no cae en la trampa de los fariseos, y para ello, distinguirá la originaria intención de Dios, quien ha querido una unión indisoluble entre el hombre y la mujer. Moisés había permitido la entrega de una carta de divorcio para tutelar a la mujer de la mendicidad o de la prostitución.

2. Meditatio: ¿Qué me dice el texto?
Jesús afronta la crisis de la vida conyugal superando todo permisivismo mediante un «regresar a las fuentes». En efecto, él no parte de una concepción del matrimonio como contrato económico, sino de la dignidad de las personas vislumbradas desde el proyecto original de Dios: «El Amor divino perfecto se derrama y se encarna en el amor humano de la pareja convirtiéndose así en signo de Dios […]. La espiritualidad matrimonial es, por eso, desafiante; debe llevar en el mundo –a menudo cerca de la mordida helada del odio– el calor de la relación humana, el deseo de amor de Dios, la presencia de la ternura y de la vida» [G. Ravasi].

3. Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?
El amor entre un hombre y una mujer es una realidad santa y maravillosa. Toda traición y adulterio no solamente lastima el amor prometido y provoca dolor en sus primeras víctimas –los hijos–, sino que Dios mismo es ignorado y su proyecto pisoteado.
El amor entre un hombre y una mujer es fuente de alegría, paz, mansedumbre, benevolencia, generosidad, ternura, solidaridad y caridad. En el amor, el hombre y la mujer encuentran la auténtica plenitud de un “tú” que se abre y se dona a otro “tú” para formar un “nosotros”: “una sola carne”.  Ayuda, Señor, a los esposos para que asuman su matrimonio cristiano en una paternidad y maternidad responsables, signos de comunión y de misión que consolidan la Iglesia doméstica. Amén.  
Copyright 2013-2019
Kardiognosis
Regreso al contenido