Lc 7,5-10 - Kardiognosis

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Lc 7,5-10

Lectio Divina > Evangelio según san Lc
«Somos siervos inútiles»
Lc 17,5-11
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres
Del santo Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor les contestó: «Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decir a ese árbol frondoso: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y los obedecería.
¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuanto éste regresa del campo: “Entra enseguida y ponte a comer”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú”? ¿Tendrán acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: “No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”?».

1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
La página evangélica se divide claramente en dos partes. La primera que comprende los versículos 5-6 y que contiene la petición de los discípulos de poder tener una fe más grande; y la segunda parte, que va del versículo 7 al 10, la cual, expresa una enseñanza de Jesús a propósito de la humildad en el servicio.
Respecto a la primera parte, nuestra traducción litúrgica del texto evangélico dice: «podrían decir a ese árbol frondoso: ‘arráncate de raíz y plántate en el mar’ y los obedecería». En griego, no expresa como tal «árbol frondoso» sino el árbol llamado «sicómoro» cuyo tronco es amarillento, de copa ramificada, flores verdosas y frutos pequeños; es una imagen que contrasta con las leyes de la naturaleza, porque no es un árbol, en efecto, de índole acuática por lo que representaría un suicidio; pero, además contiene otro dato imposible: ese árbol tiene la orden de plantarse en el mar. Por lo que, el sicómoro no solo se convertiría en un árbol acuático, sino que viviría de agua salada. Como es sabido, las plantas de agua salada no son plantas de superficie. La contradicción es, entonces, colosal, porque cualquier planta muere en cantidad mínima de sal. ¿Qué es, entonces, lo que Jesús propone con este ejemplo? Justamente, el Señor expresa la eficacia de una fe, que, aun siendo modesta y pequeña, logra su objetivo. Pero todo el acento está en la acción del árbol que se arranca de raíz y se planta en el mar; es decir, todo recae en la obediencia. El discípulo podría realizar lo extraordinario si obedeciera como el árbol.
La segunda parte, bajo el ejemplo de un siervo y su amo, expone la coherencia de oficio: el siervo hace lo que le corresponde, lo mismo que su amo. Pero, la exclamación de la inutilidad no se gesta por un servicio infecundo, pues el siervo ha hecho su labor, sino en cuanto a la humildad con la que se ejecuta el servicio.

2. Meditatio: ¿Qué me hace decir el texto?
El siervo hace su trabajo porque es lo que le corresponde, no lo hace buscando la gratificación y el reconocimiento de su amo. En la comunidad de la Iglesia, el servicio de cada fiel no tiene que realizarse con la pretensión de buscar ascender jerárquicamente, o para buscar el reconocimiento de los demás. Tener una actitud semejante, sería reducir la perspectiva de servicio: servir no a Dios en su comunidad, sino servirme de Dios y de los demás. La fe, aun siendo semejante a un granito de mostaza, permite hacer lo impensable: mantenerse en un servicio de compasión con una actitud humilde. Hecho que contrasta con todo tipo de pretensión humana.

3. Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?
Basta, verdaderamente, un fe sencilla y pequeña, para producir frutos extraordinarios. Si creemos en ti y nos dejamos guiar por tu Palabra venimos liberados de tantos miedos, incertidumbres, temores, para dejar que el Espíritu nos transforme a tu imagen.
Basta un granito de fe, Jesús, y la realidad asume un aspecto diverso: afrontamos las fatigas y los obstáculos con un yugo llevadero y una carga ligera, propias de un discípulo, que no busca las gratificaciones ni los reconocimientos, sino solo dar gloria a tu Nombre.
Basta una dosis mínima de fe, para hacer germinar la fraternidad y abatir muros que separan a los pueblos, y crean distancias inhumanas entre naciones.
Pero tú sabes, Jesús, nuestra fragilidad; estamos ocupados en defender nuestros propios intereses que no dejamos paso a tu Palabra. Libéranos, Señor, de este individualismo que nos condena a la esterilidad y, abre nuestra existencia a la audacia de la fe que espera, ama, perdona y sirve. Amén.
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