Lc 2,16-21 - Kardiognosis

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Lc 2,16-21

Lectio Divina > Evangelio según san Lc
«fueron a toda prisa hacia Belén»
Lc 2,16-21
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres
1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
El texto evangélico de este día, presenta un término bastante apreciado por el evangelista Lucas; en efecto, después del anuncio del ángel Gabriel, María va de «prisa» a la casa de su prima Isabel (1,39). Ahora, ante el anuncio del ángel a los pastores del nacimiento del Hijo de Dios, ellos fueron a toda «prisa» para confirmar la Buena Nueva. Justamente, mediante esta expresión («prisa»), el evangelista subraya ante los diversos anuncios, la necesidad del encuentro: María va de «prisa» a encontrarse con su prima Isabel, mientras que los pastores van a toda «prisa» para encontrarse con María, José y el niño.
Otra expresión importante del texto, es el pesebre. La Real Academia de la Lengua Española, lo define como un «lugar destinado a la comida de las bestias». Sin embargo, la palabra griega utilizada por el evangelista (phátne) quisiera dar a entender a un cesto para colocar los alimentos. En efecto, quien iba de viaje tenía dos cestos que colocaba en la cabalgadura: en una se colocaban los instrumentos para el trabajo cotidiano de la tierra, y en la otra, generalmente limpia, se colocaban los víveres, sobretodo el pan.
Por tanto, los pastores confirman el signo que les había dado el ángel: encontrar a un niño, en un cesto – el que se utiliza para conservar los víveres–, de modo que, el niño nace como el Pan, el alimento de Dios para los hombres. Justamente, este aspecto se entrelaza con el significado de Belén: «la casa del pan».

2. Meditatio: ¿Qué me dice el texto?
En María, madre de Dios, celebramos la jornada mundial por la paz. La paz –como expresará el cardenal Carlo María Martini– «no es aquella ausencia de conflictos, la cesación de la hostilidad. No es la remoción de palabras o gestos ofensivos, ni tampoco es solo el perdón y la renuncia a la venganza, o el saber callar para no entrar en conflictos. La paz es el fruto de alianzas sinceras, a partir de la alianza que Dios hace en Cristo perdonando al hombre». En la tradición bíblico–cristiana, la paz es el don mesiánico por excelencia, que expresa una vida reconciliada y llena de bendiciones en aquel que es el Mesías, el Pan bajado del cielo.
Por eso, como los pastores, hemos de darnos «prisa» para encontrarlo, en su palabra, en la eucaristía, y en el hermano, especialmente en el que sufre; pues al encontrar a Aquel que es el Bien, no habrá otro camino de regreso que hacer el bien. En efecto, «la paz –recordaba el cardenal Martini– es el más grande bien humano, porque es la suma de todos los bienes mesiánicos».
Aparece claro que, toda acción contra la dignidad de la persona humana y el bien común, es germen de miedo, división, estructuras de pecado alimentadas por la corrupción y sostenidas por la impunidad. La paz, que es Cristo mismo, no es una “realidad mágica”, un “pare de sufrir”, sino el Don por excelencia que aleja del corazón humano las tinieblas del pecado que separan al hombre de su Creador, de su prójimo y de sí mismo. Seamos «artesanos de la paz» teniendo a Cristo como centro y viviendo su palabra con el hermano.

3. Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?
Iniciamos este año, consagrándonos a ti, Señor del Tiempo y de la Historia. María, Madre de tu Hijo, será el ejemplo en nuestro caminar; pues como ella, impediremos que tu Palabra se pierda entre miles de palabras inútiles. Nos esforzaremos, para que nuestro corazón sea una tierra buena y mediante tu gracia podamos dar frutos abundantes de generosidad, amabilidad, alegría, misericordia y paz. Así sea.
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