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Jn 6,51-58

Lectio Divina > Evangelio según san Jn
«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna»
Jn 6,51-58
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres
1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
Continuando con el discurso del Pan de Vida, en este texto aparece un elemento nuevo de suma importancia, a saber, la asociación entre el Pan que Jesús ofrece y su propia carne: «y el pan que yo les daré es mi carne» (v. 51). Justamente de esta asociación pan–carne, los judíos comienzan a discutir entre sí: «¿cómo puede éste darnos a comer su carne?» (v. 52). A este respecto, surgen dos líneas interpretativas: la primera se refiere a que los judíos han entendido la frase de Jesús en un nivel meramente material sin ir más allá; y la segunda línea, se refiere a la temática de la imposibilidad fraguada en la pregunta «¿cómo puede?» que atraviesa este evangelio; por ejemplo, Nicodemo que niega la posibilidad de «nacer de nuevo» (Jn 3,9) o los judíos que al maravillarse de Jesús cuestionan su sabiduría: «¿cómo puede éste saber de letras sin haber estudiado?» (Jn 7,15). ¿Qué es lo que desea trasmitir san Juan con esta temática? En la tradición bíblica la respuesta al «¿cómo puede ser posible?» tiene especial referencia a la experiencia divina: «¿Hay algo imposible para el Señor?» (Gen 18,14; Jer 32,27).
La incomprensión de los judíos se agudiza más, dado que Jesús hará una connotación drástica que en nuestra traducción española no se aprecia. En efecto, Jesús ha hablado de «comer su carne» (del verbo griego phághein cuya traducción es comer), en el versículo 54, este verbo es sustituido por «masticar», «triturar con los dientes» (del verbo griego trōgein), con ello, Jesús desea disipar toda malinterpretación metafórica, pues verdaderamente está hablando de «masticar su carne», hecho que alude a la Eucaristía.

2. Meditatio: ¿Qué me dice el texto?
En la Sagrada Escritura el «comer» y «beber» no solo está en relación a la necesidad del hombre para conservar su vida, sino que tiene un valor religioso: el alimentarse de los frutos de la tierra constituye para los hebreos memoria de la fidelidad de Dios a la Alianza, lo que induce a la acción de gracias, pues sin el alimento el ser humano está destinado a la muerte. En este sentido, «comer la carne» y «beber la sangre» de Cristo lleva a comprender la plenitud de esta fidelidad de Dios, quien provee a sus hijos de aquel Alimento que le otorga ya en el ahora la Vida en plenitud. Las preguntas que surgen, en este sentido, son: si la Palabra se hace carne para que toda carne se haga Palabra, ¿qué tanto has sido Evangelio con las personas que te rodean cotidianamente? ¿Has sabido agradecer en familia a Dios por el alimento cotidiano? ¿Te das cuenta que «la comunión» no es sólo vertical (con Dios) sino también horizontal (con todos los hombres)? ¿Has compartido a Dios con los pobres y los enfermos?

3. Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?
«Aquella noche santa, te nos quedaste nuestro, con angustia tu vida, sin heridas tu cuerpo. Te nos quedaste vivo porque ibas a ser muerto; porque iban a romperte, te nos quedaste entero. Gota a gota tu sangre, grano a grano tu cuerpo: un lagar y un molino en dos trozos de leño. Aquella noche santa te nos quedaste nuestro.
Te nos quedaste todo: amor y sacramento ternura prodigiosa, todo en ti tierra y cielo. Te quedaste conciso, te escondiste concreto, nada para el sentido todo para el misterio. Aquella noche santa, te nos quedaste nuestro.
Vino de sed herida, trigo de pan hambriento, toda tu hambre cercana, tú, blancura de fuego. En este frío del hombre y en su labio reseco, aquella noche santa, te nos quedaste nuestro. Te adoro, Cristo oculto, te adoro trigo tierno. Amén». (Himno del Oficio de Lectura de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo).
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