IV Domingo Ordinario - Kardiognosis

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IV Domingo Ordinario

Liturgia Dominical
Introducción a las lecturas:
En la segunda lectura de este domingo podemos encontrar en las palabras del apóstol Pablo una clave de comprensión de la Liturgia de la Palabra: «Les digo todo esto para bien de ustedes. Se los digo, no para ponerles una trampa, sino para que puedan vivir constantemente y sin distracciones en presencia del Señor, tal como conviene».
En efecto, la vida cristiana exige discernir en lo más profundo de nuestro corazón, cuáles son aquellas «desviaciones» (1Co 7,35) que no nos permiten vivir lo que estamos llamados a ser; desviaciones que pueden generan esclavitudes rompiendo la comunión–comunicación con el Señor de la Vida.
Ya en la 1ª lectura del libro del Deuteronomio, se enuncia una exhortación cordial para cuidar el don de la Alianza: «A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas»; mientras que el Salmo hace explícita la invitación de la Torah: «no endurezcan su corazón» (Sal 94,8).
De modo que, ante el binomio «desviaciones–endurecimiento» se propone la «palabra divina y la escucha atenta». En efecto, el Señor nos cura, con la fuerza de su palabra, instaurando con ello, un nuevo amanecer que sólo puede comprenderse, en el silencio creativo del amor, y por esto, se impone con aquel imperativo: «calla» (Mc 1,25).

PRIMERA LECTURA
Les daré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
Del libro del Deuteronomio 18, 15-20
En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A Él lo escucharán. Eso es lo que pidieron al Señor, su Dios, cuando estaban reunidos en el monte Horeb: ‘No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir’.
El Señor me respondió: ‘Está bien lo que han dicho. Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que le mande yo. A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte’ ˮ. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 94, 1-2. 6-7abc. 7d-9
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a Él, llenos de júbilo, y démosle gracias. R.
Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues Él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; Él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”. R.

SEGUNDA LECTURA
La mujer soltera se preocupa de las cosas del Señor.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 7, 32-35
Hermanos: Yo quisiera que ustedes vivieran sin preocupaciones. El hombre soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle; en cambio, el hombre casado se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposa, y por eso tiene dividido el corazón. En la misma forma, la mujer que ya no tiene marido y la soltera se preocupan de las cosas del Señor y se pueden dedicar a Él en cuerpo y alma. Por el contrario, la mujer casada se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposo. Les digo todo esto para bien de ustedes. Se los digo, no para ponerles una trampa, sino para que puedan vivir constantemente y sin distracciones en presencia del Señor, tal como conviene. Palabra de Dios.

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28
En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!”.
El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. Palabra del Señor.
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