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El canto de entrada

La Misa paso a paso > Ritos Iniciales
Función
Es la primera expresión de fe, la unidad, el sentido de la celebración y la alegría de hermanos que se reencuentran entre ellos y con su Padre Dios. “El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido y elevar sus pensamientos a la contemplación del Misterio litúrgico o de la fiesta” (IGMR, 25).
Existe una gran libertad para la elección del canto de entrada, cuya función consiste en acompañar la procesión de entrada.

Normatividad litúrgica
El canto de entrada tiene que ser un canto que:
• Facilite la participación de todo el pueblo y promueva así su unión, no es un canto del coro ni mucho menos de un grupito de guitarristas que escucha la asamblea. El ideal del canto es que sea interpretado alternativamente entre el grupo de cantores y la Asamblea (IGMR, 26).
• Tenga relación con el tiempo litúrgico o la fiesta que se celebra.
• Manifieste la alegría del encuentro de un pueblo reunido para celebrar a su Señor.
• Acompañe la procesión de entrada y que al llegar el sacerdote a la sede o al terminar la incensación del altar se termine el canto (IGMR, 17).

Criterios en la selección de cantos en general
1. Abandonar la concepción del canto como un “adorno”. Se refiere cuando los responsables de un coro, a la hora de preparar los cantos piensan muchas veces en el canto como un “adorno”. No se preguntan qué hay que cantar, sino qué vamos a cantar. Y se piensa más en aquella melodía o texto porque nos gusta, o porque es fácil sin importar si es la más adecuada, o más propia.
2. Huir de las “misas-concierto”. Son las celebraciones que para solemnizarlas se invita un coro a cantar. Este coro invitado, canta “su” repertorio eclipsando a la asamblea. Por eso, es conveniente que cada iglesia posea su propio coro, formado por miembros de la misma asamblea que ayudan con su presencia a que todo el pueblo cante, ya sea porque cantan con él, o porque amplifican las intervenciones cantadas con el pueblo.
3. No abusar de un mismo canto. Un canto, por muy bueno que sea, no puede servir para todos los domingos o para cualquier tiempo litúrgico. No hay que abusar de él; hay que tratar de no desgastarlo. El canto será tanto más litúrgico y más evangelizador cuanto más fiel sea a su sentido y función litúrgica, en la medida en que ayude a vivir y expresar el misterio que se celebra (SC 116).
4. No cambiar el texto del Ordinario. Hay que desterrar de nuestras celebraciones todos aquellos cantos que parafrasean o sustituyen los textos del Ordinario, pues éstos son textos oficiales que unifican a toda la Iglesia. Ej. En los Kyries, cantos como la Zamba del perdón: “Perdón por aquel mendigo, por aquella lágrima...”
5. No todo canto puede servir para expresar la oración eclesial. Muchos de los que hemos introducido en la celebración son cantos humanistas, con ritmos profanos y con textos menos confesantes de la fe, con el agravante de que muchos no responden al significado del ritmo que acompañan. Por tanto, cantos que no dan la talla de la fe en sus textos o no responden al rito al que acompañan podrán servirnos para las clases de religión, convivencias, cursillos, pero no para expresar cantando la fe común en la celebración litúrgica.

Siglas utilizadas:
• IGMR. Instrucción General del Misal Romano
• SC. Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosantum Concilium.

Pbro. Dr. Julio César Saucedo T.
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