El Bautismo del Señor - Kardiognosis

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El Bautismo del Señor

Liturgia Dominical
Presentación de las lecturas:
Vivir como cristianos significa vivir día tras día el propio bautismo. El bautismo es la inmersión en el agua que purifica, pero sobretodo, en el Espíritu que nos hace partícipes de la comunión con Cristo, y a través de Él con el Padre. De este modo, el bautismo nos inserta plenamente en la familia de los hijos de Dios. En la memoria viva de nuestro bautismo Dios continua a elegirnos como hijos amados y a comunicarnos la nueva viva con su gracia.
El Bautismo de Jesús es el paradigma ejemplar. Según el evangelio, Jesús es bautizado por Juan junto con su pueblo; el evangelista subraya con ello, la unidad de la acción de Jesús con su pueblo: junto a todos los demás, el no se aparta, sino que permanece en obediente disponibilidad a la voluntad del Padre. Se evidencía así, la solidaridad de Jesús con nosotros, su pueblo, pero también el abajamiento iniciado con la encarnación, al servicio de la verdadera humanidad.
La primera lectura, por su parte, narra un pueblo que regresa del exilio: el profeta describe este "regresar" como una segunda liberación, dándole el verdadero consuelo; mientras que, la segunda lectura define el bautismo de los cristianos como "regeneración", hablando con ello de una vida nueva, que nos empeña ontológica y éticamente conforme a esta dignidad.

PRIMERA LECTURA
Este es mi siervo, a quien sostengo.
Del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7
"Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos los pecados". Una voz clama: "Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán". Así ha hablado la boca del Señor.
Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá: "Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que con su brazo lo domina todo. El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden. Como pastor apacentará su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres".

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 28
R/. Bendice al Señor, alma mía
Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.
Por encima de las aguas construyes tu morada.
Las nubes son tu carro;
los vientos, tus alas y mensajeros;
y tus servidoras, las ardientes llamas. R/.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas,
y tu mar, enorme a lo largo y a lo ancho,
está lleno de animales pequeños y grandes. R/.
Todos los vivientes aguardan
que les des de comer a su tiempo;
les das alimento y lo recogen,
abres tu mano y se sacian de bienes. R/.
Si retiras tu aliento,
toda cretura muere y vuelve al polvo.
Pero envías tu espíritu, que da vida,
y renuevas el aspecto de la tierra. R/.

SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a Tito (2,11-14; 3,4-7)
Querido hermano:
Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.
Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.
Mas, cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.
Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

EVANGELIO
Cuando Jesús fue bautizado y estaba en oración, se abrió el cielo.
Del Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22
Como la expectativa de la gente iba creciendo y todos se preguntaban si Juan el Bautista no sería el Mesías, él les dijo a todos: “Yo los bautizo con agua, pero viene otro que es más poderoso que yo. Yo ni siquiera merezco desatarle la correa de las sandalias. Él los va a bautizar con Espíritu Santo y fuego”. Cuando todo el pueblo se hizo bautizar, Jesús también fue bautizado. Y estando en oración, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió en figura corporal como paloma sobre Él, y una voz desde el cielo dijo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo mi complacencia”.
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