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"hijos en el Hijo: Lc 3,15-16.21-22

Comentario al Evangelio
Publicación Mensual
Revista Semanal
Desde la Fe
Arquidiócesis de México
Sección:
Comentario al Evangelio
Pbro. Dr. Julio César Saucedo
El texto evangélico presenta algunos elementos importantes a considerar: el primero de ellos, es el hecho de que Jesús viene bautizado estando entre la gente. Él no se bautiza aparte, sino que permanece con el pueblo. El segundo elemento es el gran signo de la oración; dice el evangelista, «mientras [Jesús] oraba». Para Lucas, la oración tiene una vital importancia; de hecho, esta actitud orante de Jesús se encuentra cuando cura (5,16), antes de elegir a los apóstoles (6,12), en el primer anuncio de su pasión (9,18), antes de la Transfiguración (9,28-29), al enseñar a sus discípulos a orar (11,1-2), en el Monte de los Olivos (22,34-46) y, en dos ocasiones en la Cruz (23,34.46). Podemos apreciar con ello que, Jesús inicia su ministerio orando y orando lo concluye.
Aparece, entonces, un tercer aspecto a considerar: la apertura del cielo. También en el evangelio según san Lucas, tiene una vital importancia, pues aparece en tres ocasiones: el primero, con los ángeles en Belén (2,15), en el Bautismo del Señor y en el momento de la Ascensión (24,51). El cielo abierto quisiera subrayar la acción de Dios en la historia. Y un, cuarto aspecto, es el descenso del Espíritu Santo. Lucas expresa que, «el Espíritu Santo bajó [descendió] sobre él en forma sensible, como de una paloma». La paloma nos recuerda, en primer lugar, al pasaje del diluvio, donde una paloma es enviada para verificar que las aguas retrocedían de la superficie terrestre, y regresará con una rama de olivo; siendo con ello, mensajera del inicio de una nueva era y la paz restablecida entre Dios y la humanidad. También, aparece en el libro del Cantar de los Cantares, en el que la esposa es llamada «paloma mía». De hecho, en la tradición popular de Oriente, la paloma está asociada a las bodas. En la interpretación judía, la paloma-esposa representa al pueblo de Israel, frágil y delicado, tomado por Dios con especial predilección.
Con estas características se puede apreciar que, en el Bautismo del Señor se inaugura un nuevo inicio de la creación y de la paz definitiva entre el cielo y la tierra; la boda entre Dios y la humanidad en el único Esposo, que es Cristo. En Él somos purificados y elevados a una dignidad única: la de ser hijos en el único Hijo.

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